La Corporación Nacional del Cáncer, CONAC, inicia en 1993 la atención de pacientes de cáncer avanzado en cuidados paliativos. En un momento en que aún la prestación no estaba incluida ni cubierta en la salud pública. La atención ambulatoria otorgada en forma profesional y personalizada, permite otorgar prestaciones a un gran número de pacientes. La necesaria cobertura de aquellos pacientes que progresivamente se ven imposibilitados de concurrir a control.

Es así que hasta este año 2011 se han controlado y asistido a miles de pacientes y sus familias, permitiendo una mejoría en sus condiciones de vida y una muerte digna.

Los cambios que han permitido el desarrollo de la medicina paliativa en el país, la cobertura dada por los planes del AUGE/GES, tanto a pacientes Fonasa como de Isapres, ha posibilitado a CONAC ir aún mas allá en la atención de nuestros pacientes, creando un centro de hospitalización para pacientes de cáncer avanzado, en el concepto de “Hospice” e integrando la atención global en el Centro Integral de Cuidados Paliativos.

Datos epidemiológicos que apoyan la necesidad de contar con un Hospice

  • El cáncer es una enfermedad social, no solo por su incidencia (es la segunda causa de muerte), sino por todos los problemas que acarrea el tratamiento de una enfermedad crónica y de alto costo.
  • Los cambios demográficos y de morbilidad conducen a un aumento del número de pacientes geriátricos y de la prevalencia de enfermedades crónicas y degenerativas.
  • Los avances científicos han posibilitado que enfermedades incurables o letales varíen su evolución, prolongando la supervivencia y aumentando la etapa de cronificación.
  • El incremento del número de pacientes y familiares afectados por el sufrimiento que produce una situación terminal y pueden ser factor de hospitalizaciones prolongadas y congestión de servicios de salud.
  • En gran parte del mundo, fundamentalmente en los países en vías de desarrollo, la mayoría de los pacientes con cáncer se presentan en una etapa avanzada de la enfermedad.
  • El mal manejo del dolor y de otros síntomas complejos, incrementa el sufrimiento de los pacientes y produce la claudicación familiar temprana. Debido a esto, se producen internaciones reiteradas en un sistema que no está preparado para recibirlos, generando gastos innecesarios en estudios o terapias que no llegan a cubrir las necesidades reales de los mismos lo que se traduce en un incremento en los niveles de insatisfacción, en los pacientes y sus familiares.
  • La situación económica familiar, casas pequeñas, necesidad de trabajo de familiares, etc. implica muchas veces una imposibilidad de entregar el cuidado deseado al paciente.

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